Profesores Inspiradores

Alfredo Lopez

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Científico desde los cuatro años

Arturo Padilla

Jueves-19-Julio-2018

Tenía cuatro años cuando transformó su carrito de cuerda en carro eléctrico, lo conectó al enchufe más cercano y el artefacto funcionó, pero en el experimento quemó el tomacorriente y el cableado interior de la casa de sus padres.

“Mi madre siempre me recuerda eso. Creo que, en ese momento y aún sin entenderlo, decidí dedicarme a la ciencia”, comenta el máster Alfredo López Morales, docente en investigación y proyectos científicos en la Preparatoria de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Con una maestría en Ciencias e Ingeniería con especialidad en Calidad y Productividad, 41 años de edad, dos hijos: Carlos y Andrés, Alfredo López Morales imparte clases de física, ingeniería e investigación; dedica su talento a “inyectar” interés por la ciencia y la innovación.

Ha llevado a muchos jóvenes de la Prepa UAG a concursos científicos en México, Colombia, Ecuador, Rumania y otros países, consiguiendo galardones por sus trabajos que van, desde cortometrajes, hasta módulos generadores de energía.

Además de la docencia, trabajó en las líneas de producción de la empresa Solectron durante seis años. Esto le permitió viajar a Japón, Italia, Alemania y España; también a Centroamérica, Sudamérica y Estados Unidos. “En estos viajes recibí entrenamiento de los `ex Toyotas´, así les decían, lo que me ayudó a entender muchos modelos de pensamiento exitosos que me gusta compartir con los jóvenes”.

Recuerda particularmente las enseñanzas que dejó el científico Nikola Tesla en el campo de la electrónica, electricidad y movilidad, “Nikola murió pobre, no quería ninguna recompensa, sólo que la tecnología y la ciencia estuvieran al servicio de la humanidad, no ligadas a ningún interés económico”.

Afirma que “inspirar a los jóvenes no es fácil, se necesita perseverancia, inteligencia, aprender rápido, estar listo y, aun así, uno puede fallar”.

Para él, la mejor manera de influir en sus alumnos es “emocionarlos, llevarlos más allá con una actitud positiva, permitirles participar en grandes retos; motivarlos, sacarlos de su zona de confort y hacerlos comprender que el conocimiento no sólo es aprender, sino divertirse y es necesario para crecer y tener éxito en la vida”.

Comenta que no los obliga a seguir una única línea de investigación, “los dejo que elijan un tema abierto para que lo desarrollen, no los limito, lo cual también me obliga a explorar diferentes temas y aprender junto a ellos”. El maestro Alfredo López reconoce que ser profesor en tiempos de los Millenials es un nuevo reto. La Industria 4.0, las redes e Internet, influyen en la transformación mental, personal y social de los estudiantes.

Considera que un verdadero académico no está metido en una oficina, sino que se aleja de los convencionalismos e investiga, se adapta y comparte con otros profesores de su área y está dispuesto a cambiar su actitud ante las circunstancias.

“Hoy los jóvenes no son los mismos de hace 20 años, hay una frase que dice `renovarse o morir´, que aplica perfectamente a estos tiempos de cambio constante. Debemos cambiar conforme a las necesidades de la sociedad, aprender, investigar. Los jóvenes de hoy son vulnerables, hay que saber medir, tener sabiduría, visión pasar guiarlos”.

Otro tema va ligado a lo anterior: hay que inculcar a los jóvenes no sólo la pasión por el estudio y la investigación, sino para qué sirve todo esto, que no es para hacerse rico. Uno de los grandes valores que debe poseer todo científico es la solidaridad, o sea que sus trabajos y sus descubrimientos aporten para mejorar el bienestar de la gente, la salud, al desarrollo económico y la educación.

Sobre sus expectativas, dice finalmente: “Quiero continuar con mi labor de profesor, buscar áreas de oportunidad, cosechar talento científico entre los jóvenes de nuestra sociedad, para cumplir una de mis misiones: inspirar”.

La guitarra y el campo

El profesor Alfredo López Morales afirma que en la vida “no todo es trabajar, estudiar o inventar”. Hay que descansar y divertirse para mantener el equilibrio emocional. Uno de sus pasatiempos es tocar la guitarra. Es primo hermano de César López, conocido como “El Vampiro”, quien fue integrante del grupo Maná. A veces se avienta sus “palomazos”. Ama la naturaleza, los parques y bosques, le gusta dar paseos para inspirarse, pasar el tiempo, pensar, bajar un poco la velocidad y dar ritmo a su vida.

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