Horizontes

Mauricio Tamayo

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Un viaje de película  

José Mauricio Tamayo Meléndez/ Estudiante de Administración

Miércoles-09-Enero-2019

El año pasado decidí emprender una de las mejores experiencias de mi vida: irme de intercambio. Gracias al apoyo de la UAG y del maestro Jorge Ponce, director de la Facultad de Administración, tuve la oportunidad de estudiar un semestre en Madrid, en la Universidad ESIC y otro semestre en Londres, en la Universidad de Roehampton. De ahí tuve la fortuna de ser seleccionado voluntario para la Copa del Mundo en Rusia y luego gané una beca de tres semanas en el programa TrepCamp, que se llevó a cabo en Boston University.

Todo inició en Madrid, en ESIC, considerada una de las mejores escuelas de negocios a nivel mundial. El trato fue increíble. Siempre me ha gustado todo lo que tenga que ver con negocios digitales y esta escuela está enfocada completamente a ello. Los profesores tienen gran experiencia en el campo laboral y algunos tenían sus propias empresas o fueron presidentes de grandes corporaciones en España, como 20th Century Fox o Dufry. En Madrid conocí personas de todo el mundo, busqué vivir en un ambiente internacional, en una residencia estudiantil.

De Madrid siguió Londres, mi escuela fue la Universidad de Roehampton, que se encuentra a 30 minutos del centro. Ahí viví en las residencias de la universidad. El campus es muy grande, como de película. Éramos 180 alumnos de intercambio, la mayoría de Estados Unidos, pero también había gente de Francia, Portugal y otros países, yo era el único mexicano.

Visitar Londres es algo impresionante, puedes ir muchas veces a los mismos lugares y nunca te vas a cansar. Durante mi estancia, cada fin de semana me despertaba lo más temprano que podía, tomaba el camión y me iba a caminar por la ciudad, sin un destino fijo, simplemente a dejarme sorprender.

Las clases terminaron antes de lo previsto, entonces regresé a Madrid, ya que la vida en Londres es un poco más cara. Algunos de mis amigos seguían en España y yo tenía que esperar un poco más porque existía la posibilidad de que fuera a Rusia para el Mundial.

Esto se dio porque en 2016 apliqué para trabajar como voluntario en el Mundial y seguí todo el proceso que exigen la FIFA y el Comité Organizador. Hay que pasar un examen de inglés, luego entrevistas, después más exámenes, tomar cursos, otra vez exámenes y finalmente te avisan si fuiste seleccionado.

Primero me enviaron al equipo de reserva, dependía de que cancelara alguien ya aprobado y después me dijeron que ya estaban completos. No me di por vencido, envié un correo a mi centro de voluntarios y dos semanas antes de que iniciara el Mundial, recibí la noticia de que tenían un lugar un lugar disponible para mí en el estadio Luzhniki de Moscú, en el área de media operations. Tomé un avión y comencé mi aventura mundialista. Llegué a Moscú, cuando vi mi acreditación y uniforme no lo podía creer. Luego asistí a una capacitación donde conocí a mis compañeros, 90 personas de distintas nacionalidades.

La actividad sería atender a la prensa escrita y fotógrafos. A nuestro cargo estaba la zona mixta, conferencias de prensa, tribuna de medios, ceremonias, centros de prensa dentro del estadio y los fotógrafos en campo.

De 170 mil voluntarios que aplicaron, 17,040 fueron seleccionados y sólo 1,100 éramos extranjeros, y de ellos logré estar entre los doce que estarían de fijo en la cancha. Obtuve ese lugar privilegiado donde vi en primera fila la ceremonia de inauguración, canté el Himno de México con un estadio lleno junto a mi selección, vi la ceremonia de clausura y estuve junto a los campeones del mundo en el momento que les entregaban la Copa FIFA.

Un momento imborrable fue haber estado en el campo durante el partido de México contra Alemania. Tan sólo de recordarlo se me pone la piel “chinita”.

En total tuvimos siete partidos con algunos de los mejores equipos del mundo: Rusia, España, Croacia, Francia, Inglaterra y Portugal, entre otros. Nuestros días eran muy emocionantes, hubiera o no partido, siempre había algo que hacer, llegábamos al estadio y como si fuera algo normal decíamos: “Hoy me toca primero conferencia con el presidente de FIFA, luego el entrenamiento de Francia y después la conferencia con Luka Modrić”.

Viví momentos increíbles dentro de ese estadio, tuve de cerca figuras como Cristiano Ronaldo y el Presidente de Rusia, Vladimir Putin. Estuve a unos metros de la Copa FIFA. ¿Fue cansado? Claro que sí, algunos días teníamos turnos de nueve de la mañana a dos de la mañana del día siguiente. ¿Valió la pena? Valió cada segundo y volvería a hacerlo sin dudarlo, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

Después de seis semanas en Moscú viajé a Boston, con una beca que gané gracias a la UAG, a la Facultad de Administración y a la Incubadora de Negocios. Estuve tres semanas en Boston University, donde tomé un curso sobre emprendimiento de alto impacto, en el cual el objetivo era desarrollar ideas de negocio que tuvieran un impacto social, para al final presentarlas a inversionistas y escuchar su retroalimentación. Todo esto trabajando con un equipo multidisciplinario de estudiantes de las mejores universidades de México y el mundo.

Este programa llamado TrepCamp se realiza cada año en varias ciudades alrededor del mundo. La UAG junto con Santander cuentan con becas para este programa, en mi caso obtuve una beca del 100 por ciento que cubrió mis boletos de avión, hospedaje y el curso completo por las tres semanas en Boston.

Durante el tiempo que viví fuera de México, lo único que escuchaba eran cosas buenas de mi país, de nuestra cultura, la alegría de la gente, la comida y de todos los lugares que tenemos y me alegra que sean más los mexicanos que ponen en alto el nombre de nuestro país.

Sé que los alumnos de la UAG podemos representar a nuestro país de la mejor manera en cualquiera de los ámbitos en los que nos desarrollemos. ¡Viva México!

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