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Maestros sobresalientes por sus clases virtuales

Arturo Padilla

Jueves-17-Septiembre-2020

La Mtra. Atziri Arroyo Ruiz, profesora base de Humanidades y Desarrollo Humano; el Mtro. Rodolfo Hernández Jiménez, profesor base de la Escuela de Ciencias Comerciales y Comunicación y la Mtra. Imelda Cota López, docente de la Facultad de Derecho, son los maestros mejor calificados en la encuesta de alumnos y del Método ABC del novedoso modelo B-Learning de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG).

Bajo su modelo B-Learning, la UAG atiende los cambios que exigen las circunstancias actuales y fortalece sus métodos de enseñanza y calidad educativa con modalidades de clases virtuales, presenciales y laboratorios virtuales y a distancia, que permiten a los alumnos continuar con su preparación y, en este sentido, los profesores mencionados fueron los que mejores promedios tuvieron en sus clases y atendieron las exigencias de sus alumnos y la nueva normalidad que exige nuestra realidad.

Así pues, estos profesores del Decanato de Ciencias Sociales, Económico y Administrativas de la UAG comentaron sus experiencias durante el cuatrimestre de mayo a agosto del 2020 donde impartieron clases a distancia, crearon diversas estrategias para continuar su labor académica y motivaron a sus alumnos.

Entregados a la enseñanza

La Mtra. Atziri Arroyo Ruiz señaló que desde el principio de la contingencia por el Covid-19 se preocupó por seguir impartiendo clases de calidad durante el aislamiento y se enfocó en tratar de dar una experiencia parecida a una clase presencial.

“La mayoría de las veces di clases sincrónicas en donde expongo un tema y hago preguntas. Para asegurarme que participen les pido tener la cámara encendida en todo momento y les doy oportunidad de interrumpirme para preguntar. Básicamente: procuro equilibrar el uso de herramientas electrónicas, pero sin descuidar esa sensación de compañía por parte del maestro”, explicó.

Afirmó no ser diestra en el manejo de la tecnología, y al igual que muchos de sus compañeros, tuvo que reinventar su manera de impartir clases y aceptó que a muchos de sus alumnos les costó el adaptarse a la nueva normalidad, el reto estaba en hacerlos sentir como si estuvieran en el aula sin estarlo.

“Hice algunos quizes de Kahoot sorpresa o antes de los exámenes; también nos ha servido mucho construir infografías o mapas mentales en grupo. Con el grupo que tuve, a la última hora, cuando pude me quedé un tiempo más en la videoconferencia para que platicaran y bromearan un poco, así se relajaban y rendían mejor, ellos también lo han agradecido”, comentó.

Añadió que la experiencia al principio fue desconcertante, igual que para todos, y el apoyo de la UAG ayudó a sobrellevar la situación, ya que promovió webinars y capacitaciones previas para conocer nuevas herramientas tecnológicas y didácticas que enriquecieron sus clases y formación como docente.

 

“Factor sorpresa”

Por otro lado, el Mtro. Rodolfo Hernández Jiménez, especificó que, si tuviera que definir tres conceptos clave para expresar su experiencia personal para conseguir una experiencia más positiva para sus estudiantes, serían:

Equilibrio: Desde su punto de vista, en una modalidad como la actual, es un error abusar o excederse con el uso de videollamadas o sesiones sincrónicas, ya que una misma dinámica en la que el profesor todos los días va a estar hablando durante una o dos horas, lo único que hace es aburrir y desmotivar al estudiante.

“Se deben priorizar de la misma manera, las horas de trabajo con docente como las horas de trabajo independiente, que le permitan al alumno mediante actividades, juegos, ejercicios, foros, análisis, etc. reflexionar sobre el conocimiento adquirido y su avance a lo largo del curso”, detalló.

Luego, siguen participación y retroalimentación constante “como lo mencioné anteriormente, si el alumno no tiene participación e interacción activa durante la clase, el maestro corre el riesgo de perderlo. Una manera interesante de buscar su participación es solicitando compartir sus conclusiones a una clase, los resultados de sus trabajos o sus tareas, o en su defecto mediante la creación de dinámicas de trabajo interactivo y/o colaborativo que, para ello, herramientas como Teams son excelentes aliados”.

Por otra parte, la retroalimentación y calificado de todas las actividades de manera continua hace que el estudiante, además de que se comprometa y motive, conozca sus aciertos y errores e identifique sus áreas de oportunidad para futuras ocasiones.

Por último, está lo que denominó “Factor sorpresa”. El profesor expuso que, en cada actividad y clase, el estudiante debía darse cuenta de que va a descubrir algo distinto, una nueva herramienta digital, una nueva discusión, por momentos un foro, en otros momentos un ensayo, después un juego o el análisis de una película.

“De esta manera, si vamos combinando y proponiéndole al estudiante actividades con fines o propósitos muy concretos, que aporten a su aprendizaje y que además cada vez son diferentes, eso no hace más que motivarlo. Ya que el hecho de entregar un ensayo cada semana, o hacer un quiz todos los lunes, terminará por volverse rutinario y ya no le pondrán el interés y la importancia debida”, describió.

El profesor concluyó que uno de los mayores retos de su labor ha sido lograr ambiente de motivación y positividad, tanto a nivel personal como a nivel grupal, ya que mantenernos motivados ante la situación y el contexto actual no ha sido fácil y ése fue el primer obstáculo a vencer mediante la generación de una dinámica de trabajo virtual que permitiera al alumno ser parte activa de su proceso de aprendizaje.

Empatía y servicio

Sin embargo, para enseñar también se debe tener empatía con el alumno y ser un apoyo para éste en todo momento, al menos, es lo que opina la Mtra. Imelda Cota López, quien señaló que usó muchas estrategias y siguió el modelo B-Learning para alcanzar su objetivo.

“Usé varias estrategias; primero debemos comprender que para los estudiantes es difícil estar mucho tiempo frente a la pantalla en clases virtuales, entonces traté de hacerlo más participativo y dinámico; cambiando los formatos de diapositivas, leyes, casos prácticos y dejé que ellos participaran lo más que pudieran. También escucharlos y comprenderlos ayudó; ser más flexible en cuestiones familiares y de salud”, manifestó.

También fue empática con los alumnos y cuando éstos le explicaban que había problemas en casa, su internet fallaba u otra situación, no era exigente, trataba de ayudarlos, entenderlos, escucharlos y ser flexible.

“Hay que ser más comprensivos, hacer ligera la clase, darles ejemplos, bromear, tener casos prácticos que platiquen sus experiencias personales. Creo que en esto también el apoyo de la universidad fue muy importante”, prosiguió.

La profesora compartió que la UAG le dio una laptop, ya que la suya era inadecuada para las clases, y esto le sirvió para continuar su labor. Además, se le consiguió una cuenta de Zoom y gracias a los programas de cursos y capacitación y demás apoyo de las plataformas de la Autónoma las clases fueron, lo que calificó de, “un éxito para mí y para mis alumnos”.

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