Opinión

Salvador Echeagaray

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El temperamento según Hipócrates

Salvador Echeagaray

Viernes-05-Octubre-2018

Muchas veces tratamos de explicar por qué somos de tal o cual manera. O nos aventuramos a disertar sobre el comportamiento de otros. Si una persona es iracunda solemos decir que tiene mal carácter, o si es tranquila y tratable, que su carácter es bueno.

En otras ocasiones le atribuimos la buena o mala conducta a la educación. Claro, ésta influye y puede ser determinante, sin embargo, hay algo que de cierta manera dirige nuestro actuar desde la fisiología: el temperamento.

Según Hipócrates, médico del siglo III de la antigüedad, en los seres humanos hay cuatro temperamentos. Hoy en día, estudiosos han propuesto hasta 16, sin embargo, sigue vigente la propuesta del médico griego que los clasifica de la siguiente manera: Dos temperamentos activos, que son el colérico y el sanguíneo, y dos pasivos: el melancólico y el flemático.

La persona con temperamento colérico es, en su parte positiva: activa, determinada, magnánima, gran emprendedora y sus decisiones son firmes. En su parte negativa suele ser enojona y dada a la ira y a la arrogancia. También es proclive a la hostilidad y a la crueldad.

El otro temperamento activo es el sanguíneo. Éste, en su parte positiva, es de naturaleza social y amigable, cooperativo, alegre y extrovertido. En su lado negativo suele ser dado a la fiesta exagerada y a la irresponsabilidad. También, a la indisciplina y la desorganización.

Dentro de los llamados temperamentos pasivos, el melancólico es, en su faceta positiva, creativo, disciplinado, introspectivo, soñador e inventivo. En su lado negativo suele ser dado a la depresión, al desaliento y a la venganza.

Finalmente, el flemático, en su parte positiva, es de trato amable, tiene buen humor, es tranquilo y suele estar de buenas la mayor parte del tiempo. En su aspecto negativo tiende a la flojera, a la desidia y a la mediocridad.

Cabe señalar que, independientemente del temperamento que se tenga, hay que potenciar lo bueno y dominar lo malo, para esto necesitamos el carácter, que es la huella que imprimimos en el dominio de nosotros mismos.

Por ejemplo, si somos coléricos y tendemos a enfadarnos y a gritar, hagamos lo posible por dominarnos, ya que con nuestras palabras y acciones podemos perjudicar a otros y a nosotros mismos. Si tendemos a la flojera o desidia quizá seamos flemáticos, así que desarrollemos buenos hábitos para disminuir lo malo de nuestro temperamento y potenciar lo bueno.

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