Opinión

Salvador Echeagaray

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Ética y Política

Salvador Echeagaray, Máster en Filosofía

Viernes-24-Agosto-2018

La ética es la ciencia que estudia los actos conscientes y libres de los seres humanos, según su bondad o malicia. Por lo tanto, en toda actividad humana con advertencia, y donde entre el libre albedrío, debe la ética estar presente. Por ejemplo, si un profesor da una clase de cualquier materia, debe ésta ser regida por la verdad y por el respeto tanto del maestro a los alumnos como viceversa.

Por ser la política una actividad humana, también debe ser regulada por la ética, incluso muchos pensadores señalan que la política es parte de la misma ética.

La política, en las diversas acepciones que se pueden formular, se dice que es la ciencia/arte de gobernar para procurar el bien común. Este bien común es, al fin de cuentas, la felicidad de todos.

A la felicidad la podemos definir como la suma de todos los bienes (Boecio), o como los escolásticos: como el fin último subjetivo. Lo que todos buscamos es ser felices. Para fines prácticos, la felicidad de todos en la sociedad política es el bienestar. En una ciudad nadie puede estar bien si le faltan servicios básicos como luz eléctrica, agua entubada o si las calles y su entorno están llenos de insalubridad.

Es por ello que un político que llega a gobernar debe conducirse con ética puesto que tiene una gran responsabilidad sobre sus hombros: hacer que la gente viva bien. Para ello tiene que administrar y hacer buen uso de todos los recursos materiales que estén a su disposición. De no actuar éticamente, el bienestar no llegaría a todos o llegaría incompleto; unos tendrían más servicios, otros menos y habría, por lo tanto, injusticia, desigualdad y por ende no habría felicidad.

De esta manera podemos darnos cuenta de la relación que hay entre la ética, la política y la felicidad. De faltar la primera, la segunda se pervierte y tiene consecuencias nefastas en la población, alejándose del anhelado deseo de felicidad.

Por lo tanto, es muy importante que el político sea ético, honesto y bien intencionado; de otra manera, las consecuencias de sus actos éticos o la falta de ellos, van incidirían negativamente sobre numerosas personas. Por supuesto, el comportamiento ético no compete exclusivamente a los políticos y gobernantes. Debe ser norma de conducta para todos los ciudadanos.

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